![]() Texto introductor al "Catàleg de la destrucció del patrimoni arquitectònic del centre històric de Barcelona", Veïns en defensa de Ciutat Vella y estudiants pel patrimoni, 1999 por Alexandra HACHE Esta idea declinada de maneras diferentes se ha utilizado mucho estos últimos años para justificar las finalidades asignadas a las remodelaciones urbanísticas de Barcelona. Por una parte la cita alude a la especificidad de los cascos antiguos, barrios laberínticos, históricos, únicos, etc., pero que necesitan ser tratados como ancianos enfermos. Por otro parte alude a la mirada que le dirige el resto de la ciudad. Esta los mira con una mezcla de orgullo y de temor despreciativo ya que condensan la memoria histórica de la ciudad y también facetas anacrónicas que se quieren extraer, tirar a la basura del olvido. La problemática esta entonces en hacer creer a los ciudadanos que un barrio histórico, si no es transformado, ensanchado, renovado, "operado", genera los fantasmas urbanos de la pobreza, la delincuencia, la promiscuidad, el descuido y la vergüenza. Esta es una problemática muy anclada en nuestros razonamientos teóricos e empíricos: si queremos impedir "problemas de convivencia" tenemos que cambiar las formas espaciales del barrio. Y esta relación causa-consecuencia entre formas espaciales y interacciones sociales esta a la base de todas las justificaciones que se nos hace a la hora de destruir edificios históricos, de desalojar vecinos y de construir un parking adonde antes se encontraba un mercado de barrio. Que tal relación exista nadie lo puede negar: vivir en pisos de 30 metros cuadrados, sin luz natural, sin ascensor, sin todas las comodidades que están al abaste de nuestra sociedad es un problema. La promiscuidad es un problema, la segregación espacial de las poblaciones con un bajo nivel económico en una zona dada de la ciudad es un problema. Problemas hay muchos, en Ciutat Vella y en otros barrios de Barcelona. Tenemos que entendernos sobre este primer punto, estamos de acuerdo en el echo de que el urbanismo como ciencia que modela y transforma el espacio urbano, tiene una incidencia sobre las relaciones sociales y vecinales del barrio transformado. Ahora que estamos de acuerdos en cuanto a la forma de la citación del excelentísimo Sr.Bohigas podemos atacarnos a sus significados mas profundos y devolver a cada uno sus responsabilidades. Hablar de responsabilidades en urbanismo puede sonar "raro" para el ciudadano. Los PERIs, figuras técnicas e ajenas al común del mortal, no son fáciles de relacionar con nuestra cotidianidad. Se sabe de ellos por las discusiones en el barrio, por la Asociación de Vecinos en que uno participa, es socio, o apoya cuando se la necesita, pero el PERI no nos pertenece porque no hemos participado en su creación. Solo nos toca si estamos directamente afectados por el, entonces el miedo de ser desalojado de nuestra casa, seguramente del barrio si somos pobres, inmigrantes, simples inquilinos, nos hierre y nos lleva, puede ser, a gritar y movilizarnos. También nos puede tocar si nos dicen, "ves este paseo, (este mercado, esta casa…), lo van a quitar, lo van a destruir", puede que en ese momento nos inunde una ola de nostalgia y de recuerdos, los paseos enamorados, las gamberradas con los amigos y muchas otras cosas. Tomar conciencia de la incidencia de los PERIs, y los proyectos urbanísticos, en general, en nuestras vidas es difícil pero posible: pero una vez concienciados nos toca descifrar el lenguaje burocrático de la municipalidad y el distrito, descodificar los tecnicismos y la pedantería de los especialistas, arquitectos, urbanistas, que nos miran y nos dicen que no nos inquietemos porque ellos saben lo que se tiene que hacer. Y nosotros simple vecinos que vivimos allí debemos recostarnos con total confianza en sus decisiones. Porque, esto si, los PERIs están allí para mejorar siempre las condiciones actuales de vida en el barrio. El PERI se justifica oficialmente como un medio para operar una redistribución mas equitable del espacio, mas espacios verdes, mas viviendas, mas equipamientos colectivos, mas espacios lúdicos, menos edificios insalubres, menos delincuencia, mas transporte publico, etc. Y si un terreno cualificado de equipamiento publico por el PGM es reivindicado por los vecinos para lo que sea desde hace décadas, dad las gracias al distrito que se construya finalmente este bonito parque encerrado entre bloques de viviendas privadas. No nos confundamos porque el objetivo es de ponerse a la escucha de los ciudadanos para hacer de Barcelona una ciudad "justa, moderna, democrática e internacional". Una Barcelona B. Lo que pasa es que este esquema basado en la ilusión de la ciudad como "AGORA", espacio publico de debate y negociación, se esta muriendo, se nos esta escapando de las manos, y es una pena en una ciudad como la nuestra que ha luchado y derramado energía y sangre para poder incidir sobre su presente, pasado y futuro. Hoy, no podemos utilizar los mismos estímulos que antes para concienciar y generar actividades colectivas de reivindicación y lucha. Podemos y no podemos. No podemos alzarnos como antes unidos en contra de la represión, porque esta se ha echo insidiosa y se ha disfrazado de democracia. Lo que podemos y tenemos que intentar es hacerles entender que no somos solamente electores pasivos y que no nos creemos sus discursos demagógicos. Tenemos que exigir espacios públicos de verdadera "negociación" referentes a los PERIs. Es decir que a la hora de decidir que ciudad queremos y en que barrio queremos vivir, tenemos que poder explicar cuales son nuestras necesidades y deseos, y pensar en las mejoras y experiencias posibles para comunicar y organizar estas demandas. Y estas demandas no tienen que emanar solo de los poderosos, los que tienen algo, que sea una propiedad, un DNI o una familia, sino que tienen que condensar las demandas de todos los actores sociales del barrio, de toda la gente que vive en ella y se siente dañada, de todos los que no se quieren ir a vivir en la periferia o fuera de Barcelona, al no poder permitirse los alquileres (que escasean) o hipotecas de la ciudad. Lo único viable que puedo proponer ahora por ahora es abrirnos y no solo mirar como nos comen nuestro barrio sino también alzar nuestras inquietudes hacia los otros barrios. Toca intercambiar experiencias y preocupaciones con nuestros vecinos de Barcelona. Les Corts, la Mina, Trinitat Vella, los movimientos sociales de inmigrantes, de jóvenes, de okupas, de quien sea, pero que se plantee la democracia como una realidad directa y factible basada en la negociación.
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(O. Bohigas, La Vía Laietana : derribar es saludable, El País, miércoles 10 de mayo de 2000)